No pudo ser el número uno, porque no había otro. No pudo ser el mejor, porque no pudo compararse con nadie. Nadie bailó ni cantó mejor que él, porque su estilo era propio. Incomparable física o estéticamente, una obra de arte que se creó así misma. Michael Jackson fue esa estrella fugaz que todo el mundo admira hasta que desaparece.
(Publicado en michaeljackson.com)
Moriré, es cuestión de tiempo. Me asfixiaré tras mi último suspiro. Me ahogaré con el último trago. Mi último susto será para no contarlo. Mi última enfermedad no tendrá cura. Mi último sueño será eterno. Mi tristeza será para morirse. Mi último viaje me llevará a la tumba. Mi último esfuerzo será en vano. Mi existencia quedará en el olvido. Mi reloj se quedará sin pila. Daré de comer a los gusanos. A la última cita no llegaré con vida. Lo último que me publicarán será mi esquela. No tendré tiempo para redimir mis pecados. Mañana no será nunca. Cuando llegue a las puertas del cielo colgarán el cartel de completo y me quedaré pululando en la nada. Con la excusa de estar muerto me quitarán la pensión. Doctor, ¿qué hago moribundo, cuando debería estar vivo?
Mi teléfono emitió dos pitidos estridentes cuando me disponía a subir al tren. Me acababa de llegar un mensaje de mi novia: <<Cariño, mi novio acaba de salir de viaje. Ya puedes venir a pasar ese fin de semana loco que hablamos>>. Ese mensaje iba destinado a otra persona, quería tener una aventura de fin de semana. No me sorprendió, porque nuestra relación estaba atravesando por uno de nuestros peores momentos. Está claro que ella buscaba nuevas sensaciones, salir de la monotonía. Debía volver, para reencontrarme con ella y olvidarme de hacer ese viaje. Mientras el taxista me llevaba a casa saqué de la maleta una peluca, una barba, unas gafas de sol, y me lo puse. Llamé a la puerta, me recibió con una sonrisa, y le pedí: <<Llámame Alfredo>>.
Fernando Hernández. Cuando nombraron al ganador escuché mi nombre. Sorprendido, me dirigía al escenario para recoger el prestigioso premio. Pensé, mientras caminaba, que mi vida no volvería a ser todo lo tranquila que había sido hasta ese momento. La gente me pararía por la calle, para pedirme autógrafos. Los paparazzis me perseguirían a todas horas, incluso a mis vecinos. Me tendría que mudar a uno de esos chalets que tienen una gran tapia para preservar la intimidad de los propietarios. Los que me conocen, venderían mis intimidades en los programas sin escrúpulos por un puñado de euros. Me pasaría el día desmintiendo rumores falsos. Mi madre, mi mujer, y mis hijos, sufrirían un acoso social permanente. Y de la playa nudista, donde veraneamos todos los años, ni hablamos. Cuando estaba subiendo las escaleras del escenario me agarró mi mujer por detrás, algo sofocada.
Me habían encargado acabar con el hombre que había intentado matar al rey. El tipo asistía con su familia a un espectáculo de fuegos artificiales. Era el ambiente ideal para realizar el trabajo, pues la gente, entre explosión y explosión, no se daría cuenta de nada. El problema no fue otro que las miles de personas que asistieron al evento, por eso tardé demasiado tiempo en dar con él. Podríamos decir que fue un milagro encontrarle entre la multitud. Me fui acercando disimuladamente y, cuando estaba a unos seis metros, disparé todas mis balas y salí corriendo. Al día siguiente leí en la prensa: <<Un perturbado dispara entre la multitud y, milagrosamente, nadie resulta herido>>. Yo sigo pensando que el milagro fue dar con él, y el hecho de no acertar con los disparos fue una casualidad.
De pronto voy a cruzar una calle y me atropella un coche que circula en dirección prohibida. De pronto me despierto en un hospital unas semanas después, no puedo mover las piernas. De pronto me dicen que no las voy a poder mover jamás. De pronto me entero que la empresa, donde trabajo desde hace años, ha puesto fin al contrato que nos unía por obra y servicio. De pronto me aconsejan que venda el piso que acabo de comprar con mi novia, porque está saliendo con mi mejor amigo. Por consiguiente, de la boda mejor ni hablamos. De pronto mis amigos no me llaman para salir, porque no se quieren ver acondicionados por mi situación. De pronto la casa de mis padres no está acondicionada para un minusválido. De pronto me llama el chico que me atropella por ir ebrio y me pide disculpas. Y le pregunto: ¿qué quieres que te perdone? ¿El atropello o cada consecuencia? El atropello no lo recuerdo, las consecuencias las padezco en cada momento. Y me cuelga.
Hoy me levantaría temprano, saldría a correr durante una hora. Llegaría a casa, me ducharía cantando alguna canción divertida. Me iría de compras, necesito unos pantalones, unas camisas y unas corbatas. Quedaría con mis amigos, que hace mucho tiempo que no nos vemos. Comeríamos en el restaurante donde suelen comer los famosos, da igual el dinero. Hablaríamos de las cosas que nos han ocurrido, nos pondríamos al día. Por la tarde, aprovechando que ahora son las fiestas de la ciudad, no sería mala idea quedar con Marta y pasarlo bien en la feria. Y por la noche, no sé qué pensaría Marta, pero tengo en mente una cena romántica y una noche de pasión. Es una lástima que aún me queden dos años y tres meses de condena. Lo siento por Marta, y por mis amigos, que no podrán disfrutar de mi compañía en un día tan bueno como hoy.
Le regalé un papel con una poesía escrita. Se quedó mirándolo, buscando su utilidad. Se lo fue a poner en la cabeza, pero no le entraba. Se lo fue a poner en los pies, pero se caía. Se lo fue a poner en las manos, pero se arrugaba. Se lo pasó por el cuerpo, pero no le cubría. Se lo acercó a la nariz, pero no olía. Mordió una esquina, pero no era comestible. Finalmente lo dobló varias veces para utilizarlo de posavasos, y me dio las gracias.
Me levanto, desayuno medio dormido, me ducho, me visto, voy a trabajar, salgo a comer, vuelvo al trabajo, ceno, y como estoy cansado, me voy a la cama. Me levanto, desayuno medio dormido, me ducho, me visto, voy a trabajar, salgo a comer, vuelvo al trabajo, ceno, y como estoy cansado, me voy a la cama. Me levanto, desayuno medio dormido, me ducho, me visto, voy a trabajar, salgo a comer, vuelvo al trabajo, ceno, y como estoy cansado, me voy a la cama. Me levanto, desayuno medio dormido, me ducho, me visto, voy a trabajar, salgo a comer, vuelvo al trabajo, ceno, y como estoy cansado, me voy a la cama… Lo mismo un día me muero y voy al infierno.
Cuando llegué a la selva nada era como había imaginado. Tarzán fue contratado de trapecista, por un circo de reconocido prestigio a nivel internacional. Jane fue contratada por una conocida revista de viajes, para cubrir reportajes en los lugares más recónditos del planeta. A Chita se la llevaron los de la NASA para experimentar con ella. Los demás animales que habitaban la selva fueron aniquilados por cazadores sin escrúpulos, algunos para disecarlos y decorar sus casas, y otros por pura afición. Los árboles están siendo talados, las plantas utilizadas por varios laboratorios, y los terrenos recalificados para hacer una serie de urbanizaciones con campos de golf.
"Microrrelatos, minicuentos, minificciones, relatos breves, microcuentos, o incluso hiperbreves. En cualquier caso, el resultado es el mismo".
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