Archivo de julio de 2009

Tan doloroso

Miércoles, 22 de julio de 2009

Tan doloroso como acercar un bisturí a mi cuerpo, por el que se derramará mi vida. Tan doloroso como apoyarme en el borde de la ventana antes de saltar. Tan doloroso como llenar mi mano de somníferos, que resultarán letales. Tan doloroso como nadar mar adentro sin guardar fuerzas para el regreso. Tan doloroso como impregnar mi cuerpo con gasolina y encender un mechero. Tan doloroso como ajustarme una soga en el cuello e iniciar una cuenta atrás. Tan doloroso como decir adiós a aquellos que no volverás a ver. Tan doloroso es saber que no estarás conmigo.

El poder de la democracia

Domingo, 19 de julio de 2009

Tras la presión de los adinerados y poderosos, los habitantes de aquella isla han provocado un movimiento democrático, donde los poderosos y adinerados pueden seguir ejerciendo la misma presión, pero democráticamente. Las elecciones las gana quien más invierte en la campaña, vale todo, lo importante es llegar al poder. Ahora no se critica al poderoso para no tener que asumir, democráticamente, las consecuencias. Los juicios son justos dependiendo del poder del denunciado y denunciante. Los trabajadores no protestan para no ser, democráticamente, despedidos por los empresarios. Para evitar problemas, la igualdad, en democracia, está bien diferenciada: todos los hombres son iguales, las mujeres también, los ricos son ricos, los pobres son pobres, los negros son oscuros y los blancos más claros. Y, por supuesto, el Rey es, democráticamente, intocable.

El juez

Miércoles, 15 de julio de 2009

- Lo normal hubiese sido salir nadando –concluyó el juez mientras sacaban el cadáver del río-. Todo parece indicar que no se tiró por sí solo –afirmó comprobando que tenía las manos atadas en la espalda-. Es un hombre de unos cuarenta años, de complexión normal, ni gordo ni delgado, ni alto ni bajo. Éste no vino a pescar, no han encontrado la caña. Además, desde el puente no hubiese visto hundirse la veleta si pican. Definitivamente se lo cargaron –aseguró comprobando que tenía un orificio de bala en la cabeza -. No me mires así –le dijo al nuevo compañero-, esta soltura te lo da la experiencia.

El buzo

Miércoles, 15 de julio de 2009

Mientras se bajaba los pantalones se acercó el dependiente sorprendido: <<¡Tiene los probadores aquí al lado, caballero!>>. El hombre, haciendo caso omiso, se quitó también la camiseta y los zapatos. Cuando se estaba probando el traje de buzo, se acercó el encargado de la seguridad del establecimiento.
- ¡En menudo lío se ha metido! ¿Usted cree que esto es normal? –le recriminó mientras le sacaba arrastras de la tienda-.
- No, lo normal hubiese sido salir nadando –concluyó-.

Cuestión de principios

Sábado, 11 de julio de 2009

El expediente recoge la declaración del ladrón, explicando que el cachorro se tiró a la piscina para jugar con el flotador, y que después no podía salir. Subido al flotador se abandonó a la providencia esperando el rescate de su dueño. Afortunadamente, no tardó en llegar, ya que, él mismo, le llamó por teléfono desde su chalet, el que acababa de desvalijar.

Transformación

Lunes, 6 de julio de 2009

Un día más, cuando llegó a casa, su padre miró hacia otro lado cuando pasaba por delante.  Soltó el bolso sobre la cama. Se quitó los zapatos de tacón, que le mataban los pies. Se quitó la blusa y la minifalda, para estar más a gusto. Se quitó las joyas de pega, el maquillaje de colores brillantes, las pestañas postizas, la peluca rubia, el relleno de silicona y el sujetador. Se quitó el tono sensual y los gestos amanerados. Se quitó, en definitiva, la máscara y volvió a ser él mismo.

¡Maldición! Para una vez que me dejo las gafas…

Miércoles, 1 de julio de 2009

¡Maldición! Para una vez que me dejo las gafas, es cuando más me hacen falta –pensó mientras miraba el prospecto de las cápsulas-. ¿Vía oral o anal? -se preguntaba mientras le sonaban las tripas y se retorcía de dolor-. ¡Que sea lo que Dios quiera! –exclamó mientras se bajaba los pantalones-.

Pay per view

Miércoles, 1 de julio de 2009

Estábamos jugando con el balón y de pronto nuestra calle se quedó a oscuras. Todos pensamos que se debía a la tormenta, pero no era así, en la calle de al lado había luz. Mis amigos y yo recorríamos las calles sin encontrar respuesta. Preguntamos a los vecinos, pero fruncían el ceño y no daban explicaciones. Aburridos, nos fijamos en un detalle: habían pintado las farolas de nuestra calle de un color diferente. Debajo de alguna de esas farolas había una máquina con una ranura y una pantalla digital donde ponía la hora. Se me ocurrió meter una moneda de veinte céntimos y de pronto las farolas se iluminaron. Nos quedamos perplejos, en el reloj comenzó una cuenta atrás de un minuto. Después de ese minuto se apagaron de nuevo.