Entendía que no resultara tan fácil como elegir en la entrada de un cine la película que vas a ver. Llevaba una hora de escaparate en escaparate; se insinuaban, se contoneaban y abusaban de un juego de seducción artificial. Los escaparates estaban adornados con luces de neón, y de vez en cuando el olor a marihuana salía de algún café. Me detenía y, con asombro, contemplaba la variada oferta que El Barrio Rojo ofrecía. Cuando llegué a la dirección que me habían dado, me presenté a mi compañera y me convertí en una opción más.
ok, ahora sí…
he de decir Oscar que éste me encantó especialmente. Creo que has hilado la historia muy bien para que el lector crea que es alguien que pasea por allí y luego resulta que es una de ellas.
Es muy loable tu constancia, por cierto.
8.5
Vaya, muchas gracias Daniel, esa es la idea.
Un saludo.